CAMINO DEL ROWAN
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Llamado al Hombre
Un árbol en medio de la tormenta, resiste.
El pájaro contra el huracán, resiste.
La cuerda del arco cuando se tensa, resiste.
Sólo el hombre se quiebra ante la adversidad.
Aunque existen aquellos que son como árbol,
como pájaro,
como cuerda de arco.
Aquellos hombres que entre más duros los golpes,
más resistente se torna su ánimo.
Aquellos, que ante la adversidad se levantan.
Aquellos, que aunque la tormenta sea huracán, resisten.
Para todos ellos,
Camino Rowan, es la voz que sostiene su ánimo.
For the happiest life, days should be rigorously planned, nights left open to chance penci design
Quien camina funda reinos de imágenes, pertinaz lleva al hombro la mochila del ingenio para iluminar esa parcela privada del otro, ese gozo íntimo de encontrarse en la imagen de lo otro, sin negar al otro: ver, reconocer y atestiguar. Verdadero encuentro es el dar un paso en medio de lo imaginado, aspirar la imagen y volverla a depositar intacta, sin repetirla ni imitarla, sin siquiera haberla agitado ni alterado.
¿Quién eres?
Hay varias etiquetas que designan al ser humano a su paso por el mundo; muchas de ellas obedecen a las interrelaciones sociales que establece con los otros. Así, se puede ser el “papá de…”, “la esposa de…”, “el hijo de…”, etc. Otras se deben al desarrollo profesional, de manera que nos convertimos en “el licenciado”, “la arquitecto”, “el doctor”, etc. Podemos decir entonces, que las sociedades nos definen con base en aspectos externos a nosotros mismos, y que a través de esas delimitaciones formales, nos clasifican y nos convierten en parte de diversos estratos sociales indiferenciados.
Pese a todos estos marcadores, no hay ninguno que, social y psicológicamente, sea más fuerte que el nombre. El nombre da identidad, especificidad, diferencia. Es la raíz más fuerte con la sociedad porque se nos marca con él desde el nacimiento y, en ocasiones, incluso antes. En algunos casos conlleva tradición, pues al primer hijo se le pone el nombre del padre, que también fue del abuelo y así por varias generaciones atrás.
El nombre siempre ha revestido importancia para las diferentes culturas, por ejemplo, entre los romanos había toda una ceremonia para imponerlo, lo daba el padre, el varón era nombrado como algún antepasado o como su padre; mientras que a la mujer se le imponía el gens (familia); así cualquier mujer nacida bajo el gens Julia se llamaba Julia y para distinguirla de otra se le añadía un numero que indicaba su posición de nacimiento (Julia Tertia, por ejemplo, sería una Julia nacida en el tercer sitio). Otro aspecto del nombre lo tienen los judíos, entre quienes es muy importante elegir el adecuado para sus hijos, pues lo designará dormido o despierto y permitirá que aparezca en la historia familiar hasta por 120 años. Estas dos por poner un ejemplo, pero la gran mayoría de las sociedades antiguas le daban al nombre un estatus importante, lo elegían con cuidado y mantenían la conciencia de que los acompañaría siempre. Las sociedades actuales han perdido esto.
Hoy en día es común encontrar nombres que dan vergüenza a quienes los llevan y a quienes los ponen. Es común encontrar personas que nombran a sus hijos como modelos de coches, equipos de futbol, personajes de comics y toda una gama de opciones bizarras que marcarán las vidas de los pequeños que las llevan. Sí, es una irresponsabilidad paterna y materna; y el niño no puede hacer nada sobre esto.
Pero hay otras modalidades de elegir nombres que son responsabilidad de la propia persona; sobre todo desde que al resurgir ciertas prácticas esotéricas que imitan la antigüedad, se adoptó –sin comprenderse– la costumbre de que al insertarse en un camino “espiritual” se cambie el nombre de pila, eligiendo lo que ha dado en llamarse “nombre mágico”. Y que por cierto, es un cambio temporal que sólo utilizan dentro de los círculos que frecuentan con estas prácticas, pero que no lo asumen ni lo llevan en su vida diaria, donde se siguen llamando Julieta, María, Juan o Esteban. Si bien, esto ya conlleva una falta de conciencia en lo que respecta a elegir un nombre nuevo para investirse con él y acogerlo como parte de una transformación completa del ser; el colmo se presenta cuando alguien elige un nombre genérico para designarse a sí mismo. Por ejemplo, de pronto una persona elige llamarse “Chamana” dentro de su camino espiritual; esto además de tornar confuso el significado del término “Chamana” y del rol que debe desempeñar, hace que la persona que lo ostenta se transforme en un ser difuso, pues ya no ostenta un nombre específico, sino que se atreve a sugerir que su persona encarna todas las características de un rol suprapersonal. Trasladándolo a la sociedad actual, es como si alguien decidiera llamarse “Licenciado”. ¿Se imaginan a una persona por la calle presentándose: “Mucho gusto soy “Licenciado Pérez”? Licenciado en qué, sería lo primero que se le preguntaría.
Esto es una práctica absurda que no demuestra conocimiento ni sabiduría, ni siquiera un manejo formal de los ritos, costumbres, usos y significados que entrañan los nombres en un camino espiritual. Debemos recordar que un nombre implica un destino; cuando recae en cada uno la elección de un destino a través de la designación fónica o escrita de una palabra, se debe elegir ese vocablo con total consciencia de aquello que se pretende emular, invocar o hacer emerger de nosotros mismos. Por el nombre somos conocidos en el mundo, el nombre nos identifica ante los dioses, nuestro nombre resuena en boca de nuestros hermanos y a través de él nos injurian los enemigos. Si vamos a elegir un nuevo nombre al adentrarnos en un camino espiritual, hagámoslo con la mínima conciencia de la diferencia que permite expresar, y no caigamos en el grandilocuente y a la vez mediocre ejercicio de elegir como nombre, una palabra que designa un rol mágico o religioso –como el de druida o druidesa, aunque sea en otro idioma como el gaélico (donde se dice Bandrui)– que, con esa acción, estaremos muy alejados de alcanzar.
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If several languages coalesce, the grammar of the resulting language is more simple and regular than that of the individual. The new common language will be more simple and regular than the existing European.
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It showed a lady fitted out with a fur hat and fur boa who sat upright, raising a heavy fur muff that covered the whole of her lower arm towards the viewer. Gregor then turned to look out the window at the dull weather. Maecenas nec odio et ante tincidunt.
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The bedding was hardly able to cover it and seemed ready to slide off any moment. His many legs, pitifully thin compared with the size of the rest of him, waved about helplessly as he looked. “What’s happened to me?” he thought. It wasn’t a dream. His room, a proper human room although a little too small, lay peacefully between its four familiar walls. A collection of textile samples lay spread out on the table – Samsa was a travelling salesman – and above it there hung a picture that he had recently cut out of an illustrated magazine and housed. Everyone realizes why a new common language would be desirable: one could refuse to pay expensive translators.
The European languages are members of the same family. Their separate existence is a myth. For science, music, sport, etc, Europe uses the same vocabulary. The languages only differ in their grammar, their pronunciation and their most common words. Everyone realizes why a new common language..
Do not mind anything that anyone tells you about anyone else
It wasn’t a dream. His room, a proper human room although a little too small, lay peacefully between its four familiar walls. A collection of textile samples lay spread out on the table – Samsa was a travelling salesman – and above it there hung a picture that he had recently cut out of an illustrated magazine and housed in a nice, gilded frame. It showed a lady fitted out with a fur hat and fur boa who sat upright, raising a heavy fur muff that covered the whole of her lower arm towards the viewer. Gregor then turned to look out the window at the dull weather. She packed her seven versalia, put her initial into the belt and made herself on the way.
One morning, when Gregor Samsa woke from troubled dreams, he found himself transformed in his bed into a horrible vermin. He lay on his armour-like back, and if he lifted his head a little he could see his brown belly, slightly domed and divided by arches into stiff sections.





