CANTOS DE BROCÈLIANDE

… En algún lugar del Bosque de Brocéliande, en un claro donde mana una fuente junto a una roca a los pies de un roble, la sombra de Merlyn merodea sin cesar y, al anochecer, cuando los pájaros enmudecen, en el cielo que se torna rojo entre las ramas, no es raro ver al Sol estallar en tres espirales de fuego sobre un mundo dispuesto a zozobrar al otro lado del horizonte.

P. Setan

De la espesura del Bosque Primigenio de Brocèliande,

surgen las voces de los antiguos, que nos hablan con sabiduría.

Estas voces recuerdan que los Druidas estamos aquí,

como portadores de conocimientos y caminos extraordinarios.

Ha llegado el tiempo de salir de nuevo a la luz.

Bienvenidos sean los que buscan, aquí encontrarán.

Bienvenidos sean los que dudan; claridad tendrán.

Quién abierto esté, recibirá.

“En medio del bosque se aprende a oír esa antigua melodía y a escuchar aquellas memorias perdidas.”

El Bosque de Brocèliande

Fragmento del libro Cantos de Brocèliande, de  Palingenia de Tirnanoge, Editorial Tyr na nOg – Orden Druida de México; Colección Cantos de Brocéliande; México, 1980

“Mi advertencia viene con el sello de un viaje profundo,
viene desde las médulas de mis huesos
dónde se encuentra mi elixir de poder:
mi fidelidad a mí mismo.
Ahí, donde me soy más fiel,
está mi fidelidad a los otros y al universo,
es inamovible como los muertos.

Soy de piedra.
Soy túmulo vivo sobre la tierra.

Yo, Merlín, estoy enterrado sin tiempo ni olvido
en mi bloque de piedra,
por él circula sangre ancestral.

Vilipendiada y olvidada…la estirpe…
La memoria es una diosa de fuego.
La memoria es la diosa más misteriosa.
En medio de un bosque lóbrego y laberíntico,
que no es el bosque de mis recuerdos: Brocéliande,
está el refugio misterioso de mis ancestros,
la cabeza del universo. Ella lo recita.

No me importa que la muerte concentre
su mirada infalible de gran cazadora;
que implacable se disponga a deshojar el exceso,
pues eso es bueno.
Pero a mi Resto no le merma “la devoradora”.
Yo estoy muerto junto a mi gente.
Que los otros no se engañen.

Enterrado en el universo soy fermento de mi Tradición.
Soy un inmortal en medio de los bosques de dríadas.

No me apiado de lo que es voluble.
Soy doblemuerto para esa restancia
que invoca desfavorablemente a las sombras.

Recuerdo mi niñez, recuerdo mi corazón:
el universo es sanación.
Late en los silencios y en los umbrales.

Árboles somos, somos el camino salvaje
de los confines del mundo.

¡Merlín, el druida, seguirá vivo!
La Tradición es una flama en su pecho.

Yo soy vigía,
soy ave de fuego;
me uno al horizonte
para guiar a los guerreros
en las aguas del cielo.
Mi mirada se disuelve, atenta, en la Novena Ola,
tocando la suya y sintiendo su espada.

Cantar puedo sobre la torre de aire
entre las brumas de los muertos,
y entono las glorias de la Sabiduría Árbol.”

Brocéliande, siempre verde, tiene sus toques de plata, se respiran las viejas andanzas y se asoman las historias en las lenguas de los Bardos.

Ahora el aire se ha tornado frío, el manto invernal comienza a tenderse suavemente en los bosques, y el calor de la fogata en las largas noches se siente más acogedor que nunca. Brocéliande, siempre verde, tiene sus toques de plata, se respiran las viejas andanzas y se asoman las historias en las lenguas de los Bardos.

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